¿Es posible llevar una vida autosuficiente?

Publicado por

TheCircularCampus

el 07 de enero de 2026

El ser humano es una fuente constante de contradicciones, aunque muchos de esos aparentes conflictos, surgidos de la defensa simultánea de dos ideas contrapuestas, en realidad no son tales, sino una expresión de la complejidad y riqueza de matices propias de las relaciones entre personas. Uno de esos nudos de aparente incompatibilidad está relacionado con la manera en la que las sociedades y los individuos se organizan para prosperar. Por un lado, se considera que la capacidad relacional en todas sus dimensiones –multilateralidad, comercio internacional, instituciones transnacionales, diplomacia, asociacionismo, alianzas empresariales, redes de conocimiento, globalización…– es uno de los grandes hitos de la civilización moderna. En paralelo, se sigue persiguiendo el objetivo de alcanzar la mayor cuota de autonomía posible para no depender de recursos o actores externos. Mientras se resuelve o no el dilema, la pregunta que intentaremos responder en este post es: ¿es posible llevar una vida autosuficiente?

¿Qué significa realmente llevar una vida autosuficiente?

La RAE define autosuficiencia como «estado o condición del que se basta a sí mismo». Ampliando el concepto, se trataría de la capacidad de un individuo o grupo de individuos de satisfacer sus propias necesidades sin tener que acudir a terceros. El epítome de persona autosuficiente sería Robinson Crusoe –personaje de ficción, lo cual ya es indicativo de la dificultad que entraña alcanzar la autosuficiencia–, mientras que, en el extremo opuesto, tendríamos a un bebé, que literalmente depende de sus padres y cuidadores para todo, sería el tipo de persona menos autosuficiente que puede existir. 

En realidad, la autosuficiencia individual voluntaria es muy rara, salvo si uno se convierte en anacoreta, ermitaño o en casos de personas que sienten misantropía extrema. La razón de esa excepcionalidad es que se ha demostrado que la colaboración y la vida colectiva son mucho más eficientes y forman parte de la naturaleza y evolución humana. 

Pero si se eleva la escala y se pasa de la individualidad al colectivo, a la comunidad de vecinos, al barrio, al pueblo, a la ciudad, a la provincia, a la región, al país o incluso al continente, sí que es posible alcanzar cierto nivel de autosuficiencia, en ocasiones, muy elevado. Un grupo autosuficiente es aquel en el que sus miembros pueden obtener todo o casi todo cuanto necesitan para subsistir, funcionar y ser operativos por sus propios medios, colaborando y cooperando entre sí. 

Los pilares de un estilo de vida autosuficiente

Algunos de los elementos que se consideran esenciales para una vida autosuficiente son alimento, energía, agua, suministros elementales, vivienda, educación, sanidad, herramientas, conocimiento o gestión de residuos. Vamos a poner el foco en dos de ellas. 

Autosuficiencia energética: producir tu propia energía

La energía es necesaria para prácticamente todo. La electricidad que da luz a viviendas y empresas y hace funcionar los electrodomésticos, el combustible de nuestros vehículos o los sistemas de calor y refrigeración de los hogares necesitan energía. La crisis energética por la que atraviesa el mundo, con un encarecimiento sistemático de los precios, está empujando a las sociedades hacia la búsqueda de soluciones de autoconsumo energético que les permitan ahorrar en la factura de la luz. Y no solo a nivel de la ciudadanía. La propia Unión Europea trabaja por lograr una autosuficiencia energética que le permita dejar de depender del gas y otras fuentes de energía foráneas (1). 

El segundo factor que juega en favor de la autosuficiencia energética es su alineamiento con la transición energética que se está produciendo en buena parte del mundo, en especial, en Europa. Con ello se busca dejar de depender de energía de origen fósil y, por tanto, más contaminante, y virar hacia un modelo sostenible apoyado en renovables. Algunas de las soluciones en ese sentido son:

  • Comunidades energéticas. Una comunidad energética es una entidad legal integrada por personas físicas, pymes, autoridades locales u otras organizaciones que se unen para producir, consumir, almacenar, compartir o vender energía. Con ello se facilita el autoconsumo y la generación distribuida (producción de electricidad a pequeña escala cerca de los puntos de consumo), lo que permite un ahorro significativo para las familias, previene la pobreza energética y reduce la dependencia de las compañías eléctricas convencionales (2).
  • Paneles solares. La instalación de placas fotovoltaicas en viviendas, granjas y pequeñas empresas permite la transformación de corriente continua en corriente alterna y el aprovechamiento de esa energía durante las horas de sol para el autoconsumo. Se estima que este tipo de instalaciones pueden reducir la factura de la luz hasta en un 70%, además de proporcionar autonomía, resiliencia y seguridad frente a posibles cortes de suministro externo y reducir las emisiones contaminantes (3)
  • Biogás y biometano. Son fuentes alternativas de energía que surgen de la valorización de residuos (4), por ejemplo, de origen orgánico, como los agrícolas. Su uso está más extendido en el mundo empresarial, y entre sus beneficios se encuentran el ahorro de costes, la reducción de la huella de carbono, la diversificación de fuentes de energía y una mayor eficiencia energética. 

Autosuficiencia alimentaria: huertos, conservación y autoconsumo

Los alimentos son esenciales para la vida, y asegurar su suministro en cantidad y calidad suficientes es uno de los grandes desafíos de una población mundial en crecimiento geométrico. La autosuficiencia alimentaria supone producir parte o todos los alimentos que se consumen en una vivienda o comunidad. Esta modalidad incluye soluciones como:

  • Huertos comunitarios. Un huerto o jardín comunitario es una modalidad de agricultura que se desarrolla en un espacio público de tierra que es compartido por vecinos o miembros de esa comunidad. En ellos los consumidores son al mismo tiempo agricultores que cultivan sus propias frutas y verduras.
  • Granjas de autoconsumo. Se trata de explotaciones avícolas y ganaderas de pequeña escala para el consumo propio, sin actividad comercial o de carácter mixto. Un ejemplo típico sería una pequeña granja de gallinas. Deben estar inscritas en el Registro General de Explotaciones Ganaderas (REGA) para garantizar la sanidad, el bienestar animal y la bioseguridad (5).
  • Desperdicio alimentario. No es una solución para la generación directa de alimentos, pero sí para una gestión más racional de los mismos. Reducir el desperdicio alimentario, introduciendo en los hábitos domésticos elementos como la planificación de la cesta de la compra, una mejor conservación de los alimentos o la cocina de aprovechamiento facilita una mejor autogestión de los suministros alimentarios disponibles. 

Economía doméstica y consumo responsable

La autosuficiencia también incluye un importante factor de gestión. Consumir de forma responsable y tratar de optimizar los recursos disponibles, en línea con los pronunciamientos de la economía circular, es otra forma de autosuficiencia. En ese sentido, aplicar una cultura de reutilización, reparación y reciclaje, de manera que los residuos generados puedan tener una segunda vida en forma de nuevos productos, es también una vía eficaz de ganar autonomía individual y colectiva. 

Cómo ser autosuficiente paso a paso

Pero ¿cómo podemos ser autosuficientes? Los siguientes pasos podrían formar un buen itinerario para ello:

  • Evalúa. Estudia tus necesidades, las posibilidades reales de cubrirlas con medios propios o compartidos y los beneficios económicos, ambientales y de otra índole que podría reportarte esa autosuficiencia. Investigar lo que están haciendo en otras familias y comunidades de tu entorno cercano puede ayudarte en esa valoración inicial. 
  • Comienza. Demasiado análisis y preparación son un obstáculo para la autosuficiencia. La mejor manera de ganar autosuficiencia es empezar a hacerlo con acciones sencillas que están a tu alcance, como reducir el consumo energético, reparar en lugar de sustituir tus aparatos rotos o reducir tus residuos. 
  • Aprende. La autosuficiencia requiere aprendizaje y formación en cuestiones específicas. Ya se trate de nociones sobre agricultura básica, habilidades para la reparación de dispositivos o enseres, o simple conocimiento práctico de en qué consiste una comunidad energética o pros y contras de instalar paneles solares en casa, el conocimiento es esencial para tomar mejores decisiones. 
  • Optimiza. Una vez en marcha, te darás cuenta de que hay aspectos de tu estrategia autosuficiente que pueden mejorarse: gastos evitables, partidas en las que es posible aprovechar mejor los recursos, sinergias con otras personas o colectivos. Una vez introduzcas esas medidas correctoras, compara sus resultados con la situación anterior.  
  • Invierte. No todo se consigue mediante la optimización de los recursos disponibles. Ya se trate de placas fotovoltaicas, un buen aislamiento térmico para el hogar, un pack de herramientas o tierra y semillas para crear un huerto propio, llegado el momento la autosuficiencia va a exigir invertir hoy en los ahorros del mañana. 
  • Colabora. Aspirar a la autosuficiencia total no es realista, y menos cuando esta se aborda en solitario. Las redes de colaboración permiten aprovechar las economías de escala, el intercambio de recursos y conocimientos y, en general, una mayor sostenibilidad y resiliencia del sistema. 

Vivir una vida autosuficiente en el campo: ventajas y desafíos

El entorno rural parece el más propicio para materializar con éxito un proyecto de autosuficiencia. La disponibilidad de terreno para instalar infraestructuras energéticas, pequeñas granjas y explotaciones agrícolas, junto con la disponibilidad cercana de recursos naturales como el agua, menores trabas burocráticas y, probablemente, un mayor sentido de comunidad y tradición de modelos de economía colaborativa favorecen la asunción de estos modelos. 

Como desafíos a superar, persisten una menor disponibilidad de recursos y nivel de servicios, además de un cierto aislamiento y desconexión del resto de comunidades.

¿Se puede ser autosuficiente viviendo en la ciudad?

En cuanto a las ciudades, sus ventajas son una mayor fuerza colectiva y mejor nivel de acceso a servicios y sistemas de distribución. Como contrapartida, hay menor disponibilidad de espacio, lo que dificulta la instalación de paneles solares en grandes edificios o la creación de huertos y granjas urbanas para la generación de alimentos. Unas limitaciones que obligan a soluciones alternativas como las cooperativas de compras y conceptos urbanos que tratan de reproducir en una gran ciudad las condiciones de un entorno más reducido, como la ciudad de los 15 minutos, donde las personas puedan acceder en 15 minutos a pie o en bicicleta a lo necesario para una buena calidad de vida (6). 

 

 

 

 

 

Referencias

1. https://www.consilium.europa.eu/es/infographics/how-dependent-are-eu-member-states-on-energy-imports/

2. https://www.idae.es/ayudas-y-financiacion/comunidades-energeticas

3. https://www.iberdrola.com/conocenos/nuestro-modelo-innovacion/autoconsumo-fotovoltaico

4. https://www.ecoembesthecircularcampus.com/valorizacion-energetica/

5. https://sede.comunidad.madrid/inscripciones-registro/registro-explotaciones-ganaderas

6. https://nesi.es/wp-content/uploads/2022/06/Guia_15M_45M.pdf

 

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