Biorresiduos: qué son y cuál es su tratamiento

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Los biorresiduos son aquellos desechos orgánicos de origen tanto vegetal como animal que pueden degradarse de forma natural. Actualmente en España, más de 40% de las basuras tienen esta procedencia orgánica.

 

 

¿Qué son los biorresiduos? 

 

Los biorresiduos son elementos y restos biodegradables que tienen diferentes procedencias, desde los alimentos presentes en hogares y establecimientos hasta los residuos de parques y jardines.  Pueden generarse en ámbitos comerciales, industriales o domiciliarios y, según el tipo de biorresiduos que se generen, puede tener mayor o menor humedad y producir mal olor, dependiendo de la concentración de nitrógeno orgánico.

 

No entrarían en esta clasificación los lodos de depuración o algunos otros residuos que pueden considerarse biodegradables, como el papel o los textiles naturales, ya que cuentan con sus procedimientos propios de gestión y reciclaje.

 

Tipos y ejemplos de biorresiduos 

 

A la hora de separarlos, existen dos grandes grupos que difieren tanto en características y composición como en su eliminación. Los más comunes son los que se denominan como FORM (Fracción Orgánica de Residuos Municipales), que son los que proceden de alimentos y otros elementos de cocina y comercio. El segundo grupo se conoce como FV (Fracción Vegetal), que se genera en zonas verdes y lugares con vegetación, tanto de titularidad pública como privada.

 

Agricultura y ganadería 

 

Los biorresiduos procedentes de agricultura y ganadería son los que comprenden hierbas y hojas, además de restos orgánicos del ganado, como puede ser la orina o las heces. En algunos casos, puede utilizarse para la elaboración de purines, pero también como parte del compost. Cabe recordar que este compost, resultado de un proceso circular de reutilización, es un tipo de fertilizante muy utilizado.

 

Un aspecto interesante que se debe tener en cuenta es que el compost no se utiliza únicamente como fertilizante de suelo. Los biocombustibles han ido ganando espacio en los últimos años, especialmente en países americanos, ya que los niveles de sacarosa y almidón ayudan a la producción de biodiesel y bioetanol.

 

Estos residuos deben ser tratados correctamente, pudiendo convertirse en abono y, de nuevo, reiniciar un ciclo de usos que ayuda a agricultores y ganaderos. Por último, algunos restos como las pieles de patata pueden convertirse en alimento para ganado.

 

Residuos orgánicos del hogar 

 

Entre los biorresiduos que se generan en el hogar, los más comunes son restos de comida que, en muchas ocasiones, acaban en el contenedor de restos sin una gestión adecuada. Esto ocurre porque no todos los ayuntamientos tienen recogida selectiva de materia orgánica ni plantas para tratar este tipo de residuos. Poco a poco, los ayuntamientos y particulares toman conciencia de la importancia de su correcto procesamiento, y ya hay ciudades en Euskadi, Cataluña o Madrid en las que se han habilitado contenedores específicos para este tipo de restos.

 

Por ejemplo, en las viviendas y comunidades de vecinos puede utilizarse el compostaje doméstico como sistema de autogestión de energías, permitiendo reducir las facturas de suministros.

 

Residuos orgánicos industriales 

 

Se trata de los residuos orgánicos que se generan en restaurantes, mercados y otros establecimientos. También aquellos que salen de las fábricas y grandes centros de trabajo, aunque no sea una compañía específicamente de tratado de alimentos.

 

La mayor parte de estos biorresiduos son, como en los restos procedentes de hogares, alimentos y elementos biológicos desechables, pero en cantidades mucho mayores. Precisamente, por esto existen empresas que instalan contenedores específicos para las grandes industrias, favoreciendo su tratamiento y reciclaje.

 

Parques y jardines 

 

Otro tipo de biorresiduos está compuesto por hierbas, tallos y hojas que se recogen del corte y la poda de árboles y arbustos. Los cuidados de estas plantas dan lugar a productos más leñosos, por lo que su proceso de biodegradación es diferente y algo más largo que en otros casos.

 

Si se separan los restos de poda del césped y otros elementos más pequeños de la Fracción Vegetal, estos últimos pueden unirse a los restos de comida para tratarse con un mismo sistema. Esto se conoce como FORS (Fracción Orgánica de Recogida Separada).

 

Gestión y eliminación de biorresiduos 

 

Desde 2011 la Ley de Residuos contemplaba la instalación de un ‘quinto contenedor’ como parte del reciclado de los biorresiduos. Sin embargo, en España aún no se hace de forma generalizada, ya que los biorresiduos representan más de 40% de los residuos generados y, sin embargo, la mayoría termina en el vertedero.

 

La gestión de biorresiduos requiere que se separen adecuadamente los restos recogidos. No deben tratarse de manera conjunta los residuos orgánicos con los que no lo son. A la hora de tratar los biorresiduos es importante conocer algunos de los aspectos básicos que los conforman, como su nivel de pH, la humedad existente, si hay fitonutrientes presentes o si quedan restos de algún agente contaminante. También se debe conocer el tiempo de descomposición de cada uno, que puede variar entre algunos meses y más de veinticinco años.

 

El compostaje debe trabajarse de forma natural, permitiendo que los microorganismos trabajen de manera aeróbica y sin interceder en su labor, solo controlando la temperatura, el contacto con el aire o la humedad presente en el ambiente.

 

Los procesos de compostaje y otros tratamientos de biorresiduos se llevan a cabo en plantas especializadas, que tienen bajo control todos los parámetros que hemos mencionado. Esto permite que se realice de manera respetuosa con el medioambiente, pero también que se consiga una eficiencia mayor para el máximo aprovechamiento de los residuos.

 

Ciclo de gestión de los biorresiduos 

Aunque lo ideal es prevenir y reducir la generación de biorresiduos, su tratamiento debe seguir una estructura adecuada. El ciclo de la materia orgánica se completa transformando la Fracción Orgánica (FO) en compost y otros materiales con procedencia biológica. El objetivo es que la materia orgánica complete todo este proceso en un entorno local o áreas cercanas, con lo que se conoce como ‘cierre in situ’, siguiendo los principios de autosuficiencia y proximidad.

 

La importancia de una gestión adecuada 

 

El tratamiento de biorresiduos no solo conlleva a la producción de elementos como compost o biocombustibles, sino que también supone un gran número de beneficios ambientales, sociales y económicos:

 

  • Reciclaje y posterior aplicación de compost en sustitución de fertilizantes químicos, con la consiguiente captura de dióxido de carbono de los suelos, mejorando la estructura y fertilidad de los mismos.
  • Producción de energías renovables, como el biogás utilizado como combustible o para facilitar la obtención de energía eléctrica.
  • Reducción de los biorresiduos que acaban en vertederos, minimizando así las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y las necesidades de espacio.
  • Menores cantidades de materia orgánica en las plantas incineradoras, permitiendo diseñarlas con menor capacidad de trabajo y mejor aprovechamiento energético al reducir la humedad presente.
  • Aumento de la tasa de reciclado de todos los elementos reutilizables, además de la sensibilización ciudadana frente a la gestión de residuos y la protección del medio ambiente.

 

Cómo reducir la producción de biorresiduos 

 

El mayor objetivo debe ser reducir en gran medida su generación. El uso y consumo desmedido se traduce en una gran pérdida y posterior eliminación de comida y excedentes, alimentos en mal estado o tras la mala gestión de zonas verdes y jardines.

 

Para conseguir rebajar los niveles de residuos orgánicos, se deben concienciar de la importancia de, por ejemplo, hacer una compra responsable, dando a conocer diferentes pautas de conservación, preparación y consumo de los alimentos. Esto no solo debe trabajarse por parte de los consumidores, también dentro de las estrategias de los comercios que puedan vaciar su stock antes de que caduquen los alimentos, evitando desperdiciar toneladas de comida.

 

Son varias las iniciativas que proponen gestionar los excedentes de alimentos que, a pesar de estar en buen estado y ser consumibles, no pueden ser comercializados. Los bancos de alimentos y otras instituciones sociales son los principales beneficiarios de estos sistemas de aprovechamiento.

 

Otra posibilidad es trabajar en un estilo de jardinería sostenible, que priorice un diseño de jardín conocido como ‘smart gardening’, utilizando especies que generen menos restos vegetales y con una visión sostenible de los mismos.

 

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